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Duro revés


Parecido a cuando se disputa un partido de la copa mundial de fútbol, el presidente de Bolivia viajó a La Haya para estar presente en la victoria de su país sobre Chile. En juego estaba uno de los más largos y virulentos conflictos territoriales que existen en el continente americano, resultante de la pérdida en 1880 por parte de Bolivia de su costa del Océano Pacífico. El presidente Evo Morales esperaba que tras cinco años de estudio y deliberaciones, la Corte Internacional de Justicia de La Haya dictaminara en favor de su país, obligando a Chile a negociar darle a Bolivia una salida soberana al océano. Pero al fallar en contra de la reclamación boliviana, la corte asestó un duro golpe a esas aspiraciones.

A su regreso a La Paz, Morales calificó el fallo como injusto y dijo que “la lucha del pueblo boliviano sigue”. No iba a decir otra cosa, siendo un político que desea permanecer en el poder más allá del final de su mandato, pero no hay duda de que la decisión es un fuerte revés para él. Descartada una opción militar que su país perdería, sólo le queda el camino del diálogo.

A pesar del dictamen, la corte exhortó a las partes a buscar una solución armoniosa. Chile ha reiterado su disposición de hacerlo, facilitando el uso de puertos chilenos y construyendo un ferrocarril desde la costa hasta La Paz. Nada, sin embargo, de soberanía boliviana, ya que para Chile son definitivos e inalterables los límites fronterizos establecidos por un tratado suscrito por ambos países en 1904. De su lado, los transportistas, importadores y exportadores bolivianos dijeron tener “un sentimiento de impotencia”, y expresaron que Chile vulnera constantemente el libre tránsito consagrado en dicho tratado.

Chile, como es lógico, celebró la decisión, aunque inicialmente se había opuesto a que la corte conociera el caso, alegando que por su antigüedad no tenía jurisdicción sobre él. Ahora que el fallo le favoreció, ese punto no se menciona.

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